miércoles, 29 de agosto de 2018

Pizzería San Remo


Cuando un lugar de consumo es socialmente positivo, se debe en gran parte a su arquitectura. La pizzería San Remo, con poco presupuesto —porque se nota—, es uno de esos ejemplos.

Es una casa remodelada a la que su ubicación entre la Plaza Mayor y la avenida Pacífico le ayuda bastante; primer punto. No se interviene demasiado en lo existente ni tampoco hace tanta alharaca para existir; segundo punto.

Se abre a sus dos frentes conteniendo en ese transcurso ‘sub-espacios’ que a simple vista no se prevén como tales, pero que funcionalmente generan momentos distintos. Eso es bueno. La solución visual en cuanto a color e iluminación pudo ser mejor: menos luz y más fuerza cromática, por ejemplo. El azul está bien, el color blanco deja dudas. Con todo, es un recurso positivo: acompaña bien a los detalles de mobiliario y de acabado, que tampoco son genialidades, pero que se presentan adecuados para lo que se requiere, y a veces para detenerse en ellos.

7/10




Pizzería San Remo (Agosto de 2018) Fotos: I.R.




domingo, 19 de agosto de 2018

Edificio chifa


El Chifa Cantón de Nuevo Chimbote tiene claro lo que quiere: llamar la atención. Con soluciones genéricas y argumentos de catálogo va por buen camino a cumplir su fin. Vidrio tipo espejo, columnas cilíndricas forradas en papel lustre, acero cromado por doquier, porcelanato caro y mucho ornamento que campea entre el rojo y el negro, como cualquier chifa que se respete.

De día, un objeto grandulón y extravagante más. De noche, una vitrina de adornos orientales de todo calibre.

Consciente de su nulo aporte arquitectónico y urbano, el edificio se acomoda a la curva de su terreno para asentarse como amo y señor sin mayor conversación y con total desprecio para con lo que le rodea. Es un edificio que vive por sí y para sí, imponente, egocéntrico y burdo; fuera de lugar, arreglado de más para una fiesta de la que nadie se enteró.

Ojalá y también sea ignorado por sus futuros vecinos, un edificio así no merece siquiera ser remedado.

1/10


Chifa Cantón Plaza Mayor de Nuevo Chimbote (Agosto de 2018) Foto: I.R.

miércoles, 8 de agosto de 2018

Country Gym


Le restaría un poco a la imagen de concesionaria de vehículos que tiene este edificio si no existieran carros siempre estacionados en la vía pública. Solo un poco, porque a primera vista, o en este inmueble venden camionetas o se trata de un supermercado.

Al parecer, el estacionamiento, por Dios sabe qué razón, en la práctica, ya a casi nadie se le exige. O de por sí es la mala costumbre que tiene la gente para aparcar.

En fin… ¿Cómo diseñar un gimnasio si este no está en el tercer piso de un edificio de oficinas por encima de una pollería o una farmacia?

A decir verdad, la clave industrial por la que opta el gimnasio Country Gym es oportuna. Es adecuada en un contexto en el que casi no hay nada y donde el interior del edificio debe ser común y abierto, sin divisiones. Tal cual, como una tienda comercial de 4x4 o un taller de algo.

Al edificio se le reviste con rudeza (y clara intención minimalista) de metal negro y gris, siendo esta una decisión acertada, no le hace daño a nadie; la sobriedad cromática y la textura escogida hacen que el volumen no parezca tan voluminoso.

El frente lateral pudo aprovecharse de alguna forma, mínima, aunque sea, ya que queda completamente negado. Claro que ahora no se siente porque el terreno del Country Club es solo un canchón cercado… pero más adelante ya se verá.

Buena decisión la de colocar a la gente corriendo estacionada frente a la calle: de noche ya no es una avenida tan oscura y silenciosa. Era lo que pedía el lugar. Lástima que corran viendo carros estacionados.

6.5/10


Country Gym (Agosto de 2018) Foto: I.R.


domingo, 29 de julio de 2018

Edificio Notaría Trebejo


El edificio se retira para que los carros puedan estacionarse dentro del terreno. En ese trance se crea un muro lateral de siete metros de alto para colocar el logo institucional entre plantas de plástico. Esto hace que el edificio pueda reconocerse con cierta holgura desde la avenida Pacífico. Un poco, al menos.

El edificio no es solo una Notaría, en los pisos superiores vive el notario, pero no se nota. Y no se nota porque la serie de artilugios fachadísticos no lo permiten. La suma de estructura metálica revestida de cartón, las planchas de metal agujereado y pintado con poco gusto, el vidrio oscuro y estampado, todo, hacen que el edificio tenga insinuaciones industriales y comerciales (de querer tapar ventanas y otras cosas más), mas nunca residenciales. Ni un ademán. Puede ser mérito del proyectista, una simple omisión o la guillotina del cliente.

El edificio no es nada nuevo, solo tiene la cara rara, plástica y rara.

3/10


Edificio Notaría Trebejo Peña (Junio de 2018) Foto: I.R.

miércoles, 18 de julio de 2018

Centro de Convenciones Uladech


Enmarcar ventanas, desordenar ventanas, desfasar muros, cada elemento siempre de un color distinto, este último y sus acompañantes dependiendo de cuestiones institucionales. Es la fórmula básica de un taller párvulo de diseño arquitectónico.

Ventanas espejadas, de todos los tamaños y por todos lados; sabrá Dios para qué. Hacia el lado externo del auditorio (que en verdad es una sala de usos múltiples) se colocan grandes ventanas –o mamparas– con balcones de los que se deduce existen tres pisos cuando en la práctica no los hay. Es un edificio algo cómico, engañoso, uno de oficinas, un multifamiliar mutilado y con tumores, varias cosas menos lo que es.

Alguna buena intención de fin contextual tiene ese techo que va creciendo hacia el interior de la manzana… pero ahí se queda: en lo que pudo ser.

2/10


Centro de Convenciones Uladech. Foto: Internet

domingo, 8 de julio de 2018

Edificio Magán


Parece que quiere más, o al menos que tiene mayores aspiraciones que sus vecinos. El volumen vertical, donde están la escalera y el ascensor (porque se notan), flanquea la esquina haciendo que el retiro sea imperceptible. Tiene distintas alturas, lo que ralentiza (un poco no más) saber el total de pisos que tiene. Esto no es ni bueno ni malo, es irrelevante.

Las aspiraciones de las que se hablaba están concentradas en lo que un proyectista suele asumir como el principal argumento para hacer a un edificio interesante: el tratamiento de la fachada. Hay por aquí una costumbre visible que no siempre es certera: recargar con formas, materiales y texturas los frentes para obtener un mejor producto como demostrando mayor capacidad de dominio expresivo, o algo así.

No se logra. El edificio no dice nada. Se queda con la palabra en la boca.

3/10


Edificio Magán (Mayo de 2018) Foto: I.R.


miércoles, 27 de junio de 2018

Una casa en la esquina de la Plaza de Armas


Existe una casa en el centro de Chimbote por la cual no parece pasar el tiempo. Durante las décadas que lleva encima, su arquitectura no ha sufrido cambios sustanciales, por lo que sin pretenderlo permanece como miembro del imaginario del casco urbano de la ciudad. Parte de esto se debe a su encierro. Este, aunque prejuiciosamente pareciera negativo, es necesario para que la vivienda siga existiendo. Está y no está, como cualquier hecho urbano pertinente.

De cerca es solo una esquina cercada más. De lejos es una casa 'típica' de indicios modernos para una zona residencial de densidad baja. En suma: líneas racionales, colores y revestimientos sobrios que en la parte superior de la esquina se retiran para generar un vacío (terraza) y hacer de la esquina algo menos abrupto.

No debería estar en ese lugar, ni siquiera el uso pertenece ya a ese sitio... pero estando en él, le hace bien.

Es un tranquilo objeto entre tanto bullicio visual. Una solución para cualquier tiempo.


8/10



Casa en la esquina de la Plaza de Armas (Junio de 2018) Fotos: S.C.

domingo, 17 de junio de 2018

La Granja Linda (Plaza Mayor)


En el primer piso el retiro del edificio permite tener un área de transición útil: como estando en la calle pero no tanto, como estando en el edificio pero tampoco tanto.

La función es una sola: mirar a la Plaza. Para eso, el segundo piso va adelantándose unos pocos pasos hasta llegar a la altura de la vereda mientras se va alejando del ingreso.

Es una novedad que un edificio comercial opte por las dos características anteriores y no por lanzarse un metro sobre la vía pública, como dicta la mala costumbre peruana.

El tercer piso es una terraza. El observar directamente a la Plaza y sin vidrio de por medio, convierte a este lugar en atractivo. El tener un edificio ‘abierto’ y con movimiento humano al que se puede observar desde la Plaza, convierte a esta última en un espacio con un poco más de vida nocturna, cosa que no se consigue, hasta ahora, en el resto de edificaciones que rodean la Plaza. Todas, torpes y autosuficientes, se aíslan en su uso.

En este caso el pecado de las demás vuelven santa a esta poco pretenciosa pollería… y eso no está mal.

7/10

Pollería La Granja Linda (Mayo de 2018) Foto: I.R.


miércoles, 6 de junio de 2018

Platillos voladores






Si de buenas intenciones se pudiera vivir otra sería nuestra historia.

Habrá que creer –porque no nos queda de otra– que colocar de cabeza esqueletos de árboles de navidad en la Plaza de Armas de Chimbote nace de una buena intención y no de una ocurrencia.

La justificación: iluminar. De pronto la plaza siempre estuvo algo oscura; está bien, justificación válida. La solución, por otro lado y por donde se le mire, una demostración de notable carencia de sentido común.

Son estructuras grotescas, feas y visiblemente improvisadas. Basta mirar la base para notar que algo no fue pensado íntegramente. Es claro que los parantes que soportan el anillo superior, que a su vez sostienen las luminarias, fueron planteados sin criterio ni compositivo ni paisajístico. Se opaca la desordenada vegetación con un andamiaje chocante que poco favor le hace a la plaza cuando es de día. De noche la historia puede ser otra. Son cómplices la fuerte iluminación y la oscuridad que mucho soporta y bastante oculta.

Hay que agradecer –eso sí– que no se cayó en el pésimo gusto de pintar las estructuras con los ‘colores municipales’, como nos tienen acostumbrados los servidores públicos en cuanto objeto o edificio (público) aparece en la ciudad.

¿La luz? cumple, es buena. Más allá de iluminar la plaza no hay aporte alguno. Son varios tubos poco más que mal unidos y de apariencia pasajera. Un absurdo que se vería mejor en una losa deportiva, en un cerro con antenas o como armatostes para castillos de fiesta patronal.


Ojalá no caigan pronto… no sobre alguien.

4/10


 


Plaza de Armas de Chimbote (Abril de 2018) Fotos: I.R.




domingo, 27 de mayo de 2018

Desenlace del Malecón Grau





Hace pocas décadas era un muladar, un lugar olvidado, de mal vivir. La solución, en su momento, era clara: tratar de ‘detener’ la erosión del mar y generar un espacio transitable en el que se pueda ver decentemente algo de mar, darle la cara, como pasaba hace poco menos de un siglo. 


Hace aproximadamente una década se hizo la intervención del malecón en el Casco Urbano. Se limpió y se construyó un enrocado para que el espacio público pueda ser utilizado.


Para lo que había antes, estuvo bien. Durante sus primeros años ya no se trató de un lugar de mal vivir, sino de un espacio medianamente atractivo, incluso como postal turística. Aumentó el valor de la zona y generó la aparición de comercios. En el aspecto urbano y económico resultó positivo.


Igual y con todo, había aspectos observables: la accesibilidad limitada y accidentada; la poca flexibilidad de espacios y la priorización del tránsito vehicular; o el muy poco espacio peatonal o de estancia, resumiéndose en caminos (algunos torpes como todo el sendero elevado de piedra) y superficies reducidas dedicadas a la contemplación. 

A decir verdad, cualquier opción era mejor que el muladar, y por ello, quizá, lo que se hizo funcionó. 

Sin embargo, lo que tenemos hoy es la magnificación de una obra mala, y esto porque una obra de esta envergadura no puede darse el lujo de durar tan poco.

El Malecón Grau se está convirtiendo de nuevo en un desperdicio inhabitable, y esta vez no por la pura contaminación y poca conciencia de la gente -aunque de esta última también hay, y bastante- sino, sobre todo, por las malas soluciones de quienes lo proyectaron en su momento.

El enrocado (de piedras grandes ‘pegadas’ superficialmente con concreto) ya no es más eso, sino solo montículos de piedras que han dejado orificios lo suficientemente grandes como para que ancianos se accidenten, se amontonen desperdicios humanos o para que jueguen las ratas. No es difícil imaginarse que con el tiempo esas piedras (hoy grandes) se desprenderán hacia el mar o, por la erosión, irán reduciendo su tamaño hasta hacerse inservibles.

Del mobiliario urbano no queda ni la ingeniosa concepción a partir de metáforas marinas. Pilares y asientos de concreto descascarados y con los fierros expuestos; maderas que se suponía daban sombra ahora están por pedazos, tan inútiles como el primer día. Luminarias que no funcionan, tubos carcomidos o, en su defecto, bastante oxidados en los que ni indigentes quieren apoyarse.

Su emblema urbano: una aparatosa cobertura en su momento bastante pretenciosa, hoy duerme desvestida e insulsa, venida a menos gracias a la naturaleza y con amenaza de venirse abajo por pedazos. Pequeño favor le haría esto a la Plaza 28 de Julio.

¿Se necesitaba, acaso, mucho sentido común para haber previsto esto?

Lo que hoy queda es la pura insignificancia, y no debería anteponerse a ella, para tapar errores y como salida de oportunistas, la nostálgica respuesta a la que todavía se aferran algunos: la del predominio paisajístico y posiblemente turístico que nos daría si esto fuera mejor de lo que es. Esto último, hoy, pesa de absurdo.

A veces el ‘mantenimiento’ es insuficiente. A veces los errores del pasado son lapidarios. Pareciera como si lo único que nos quedara por hacer fuera dejarle a la naturaleza hacer su trabajo.


5/10
 

Malecón Grau de Chimbote (Abril de 2018). Fotos: I.R.

miércoles, 16 de mayo de 2018

Iglesia Sagrado Corazón


El retiro de la iglesia (que no es mérito solo de ella) es el mayor aporte del conjunto. Más que ser estacionamiento y espacio de reunión procesional permite que la iglesia se lea de lejos y que no sea un edificio más; de hecho, es parte de la lógica de los edificios religiosos.

Los muros de la avenida Pacífico que se conectan con la cruz le dan ligereza al objeto, lo que hace que en su concepción se distinga de alguna otra. La ‘cúpula’ que compone el total del lugar desde fuera es tímida, por dentro es imponente.

Se lee como iglesia... como una iglesia de segunda mitad del siglo XX. La correspondencia con el tiempo y el espacio siempre es un mérito para la arquitectura, y este edificio lo consigue.

7/10



Iglesia Sagrado Corazón (Junio de 2018) Foto: I.R.

domingo, 6 de mayo de 2018

Paseo del Mar




Manzanas largas y angostas, incluso al límite de hacer que algunas estén compuestas por una treintena de lotes apilados: el aprovechamiento enfermizo de los metros cuadrados. Para algunos está bien. Cualquier cosa es mejor a vivir en un departamento, decían.

Veredas al límite de lo reglamentario, calles estrechas, dos carriles, seis metros sin espacios para jardines en el 90% de las vías y lotes de 5 x 15 acompañan el festín.

Con la mala costumbre que tenemos de estacionar vehículos en la vía pública horas de horas -como si esta fuera de nuestra propiedad- la situación se torna caprichosamente caótica. El vecino del frente no podría estacionarse si uno quisiera hacer lo propio: se atrofia todo.

Una reunión de más de dos personas con vehículo en una casa sería el caos total de la cuadra si más de un vecino opta por usar los 5 metros de frente que cree le corresponden.

El camión de basura por algunos lados no pasa. No porque no quiere, sino porque no entra. Tampoco hay "espacios" para “dejar la basura” a “esperar” el camión recolector; lo cual hace que los moradores improvisen cualquier terreno momentáneamente baldío para amontonar sus desperdicios, si no es que en la misma vereda.

La mercantilización de las políticas de vivienda y la estrangulación urbana de proyectistas robots, sumadas a las (malas) costumbres de la población hacen que el vivir mal sea cosa común… aunque haya quienes lo merezcan.


4/10



Paseo del Mar (Enero de 2018) . Fotos: (arriba) I.R. / (abajo) Internet

miércoles, 25 de abril de 2018

Chifa Hotel Cantón


Un lote estrecho y más o menos largo, más un programa de pretensiones mayores (como es tener más de 4 pisos) exigen una solución cuidadosa. El Chifa Hotel Cantón lo hace bien. Tiene un buen gesto urbano al generar un ochavo disimulado entre cilindros y jardineras. Esto se prolonga en los niveles superiores con la doble altura del ingreso y la presencia de los balcones superiores. El remate del quinto piso le da fuerza al bloque; permite entender que la sustracción de los pisos inferiores fue adrede.

Por lo demás, en el frente lateral, no hay mucho en qué detenerse: el hotel se lanza al límite de la vía pública sin temor y con unos revestimientos que no aportan ni restan, solo existen.

Está bien. No es un mal edificio. 


¿Puede ser mejor? Si se descargara un poco, seguramente. Pero es un chifa... y los chifas son así.

7/10

Chifa Hotel Cantón (Julio de 2018) Foto: S.C.