miércoles, 6 de junio de 2018

Platillos voladores






Si de buenas intenciones se pudiera vivir otra sería nuestra historia.

Habrá que creer –porque no nos queda de otra– que colocar de cabeza esqueletos de árboles de navidad en la Plaza de Armas de Chimbote nace de una buena intención y no de una ocurrencia.

La justificación: iluminar. De pronto la plaza siempre estuvo algo oscura; está bien, justificación válida. La solución, por otro lado y por donde se le mire, una demostración de notable carencia de sentido común.

Son estructuras grotescas, feas y visiblemente improvisadas. Basta mirar la base para notar que algo no fue pensado íntegramente. Es claro que los parantes que soportan el anillo superior, que a su vez sostienen las luminarias, fueron planteados sin criterio ni compositivo ni paisajístico. Se opaca la desordenada vegetación con un andamiaje chocante que poco favor le hace a la plaza cuando es de día. De noche la historia puede ser otra. Son cómplices la fuerte iluminación y la oscuridad que mucho soporta y bastante oculta.

Hay que agradecer –eso sí– que no se cayó en el pésimo gusto de pintar las estructuras con los ‘colores municipales’, como nos tienen acostumbrados los servidores públicos en cuanto objeto o edificio (público) aparece en la ciudad.

¿La luz? cumple, es buena. Más allá de iluminar la plaza no hay aporte alguno. Son varios tubos poco más que mal unidos y de apariencia pasajera. Un absurdo que se vería mejor en una losa deportiva, en un cerro con antenas o como armatostes para castillos de fiesta patronal.


Ojalá no caigan pronto… no sobre alguien.

4/10


 


Plaza de Armas de Chimbote (Abril de 2018) Fotos: I.R.




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