Si de
buenas intenciones se pudiera vivir otra sería nuestra historia.
Habrá
que creer –porque no nos queda de otra– que colocar de cabeza esqueletos de
árboles de navidad en la Plaza de Armas de Chimbote nace de una buena intención
y no de una ocurrencia.
La
justificación: iluminar. De pronto la plaza siempre estuvo algo oscura; está
bien, justificación válida. La solución, por otro lado y por donde se le mire,
una demostración de notable carencia de sentido común.
Son
estructuras grotescas, feas y visiblemente improvisadas. Basta mirar la base
para notar que algo no fue pensado íntegramente. Es claro que los parantes que
soportan el anillo superior, que a su vez sostienen las luminarias, fueron
planteados sin criterio ni compositivo ni paisajístico. Se opaca la desordenada
vegetación con un andamiaje chocante que poco favor le hace a la plaza cuando
es de día. De noche la historia puede ser otra. Son cómplices la fuerte
iluminación y la oscuridad que mucho soporta y bastante oculta.
Hay que
agradecer –eso sí– que no se cayó en el pésimo gusto de pintar las estructuras
con los ‘colores municipales’, como nos tienen acostumbrados los servidores
públicos en cuanto objeto o edificio (público) aparece en la ciudad.
¿La
luz? cumple, es buena. Más allá de iluminar la plaza no hay aporte alguno. Son
varios tubos poco más que mal unidos y de apariencia pasajera. Un absurdo que
se vería mejor en una losa deportiva, en un cerro con antenas o como armatostes
para castillos de fiesta patronal.
Ojalá
no caigan pronto… no sobre alguien.
4/10
4/10
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| Plaza de Armas de Chimbote (Abril de 2018) Fotos: I.R. |




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