miércoles, 8 de agosto de 2018

Country Gym


Le restaría un poco a la imagen de concesionaria de vehículos que tiene este edificio si no existieran carros siempre estacionados en la vía pública. Solo un poco, porque a primera vista, o en este inmueble venden camionetas o se trata de un supermercado.

Al parecer, el estacionamiento, por Dios sabe qué razón, en la práctica, ya a casi nadie se le exige. O de por sí es la mala costumbre que tiene la gente para aparcar.

En fin… ¿Cómo diseñar un gimnasio si este no está en el tercer piso de un edificio de oficinas por encima de una pollería o una farmacia?

A decir verdad, la clave industrial por la que opta el gimnasio Country Gym es oportuna. Es adecuada en un contexto en el que casi no hay nada y donde el interior del edificio debe ser común y abierto, sin divisiones. Tal cual, como una tienda comercial de 4x4 o un taller de algo.

Al edificio se le reviste con rudeza (y clara intención minimalista) de metal negro y gris, siendo esta una decisión acertada, no le hace daño a nadie; la sobriedad cromática y la textura escogida hacen que el volumen no parezca tan voluminoso.

El frente lateral pudo aprovecharse de alguna forma, mínima, aunque sea, ya que queda completamente negado. Claro que ahora no se siente porque el terreno del Country Club es solo un canchón cercado… pero más adelante ya se verá.

Buena decisión la de colocar a la gente corriendo estacionada frente a la calle: de noche ya no es una avenida tan oscura y silenciosa. Era lo que pedía el lugar. Lástima que corran viendo carros estacionados.

6.5/10


Country Gym (Agosto de 2018) Foto: I.R.


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