Le
restaría un poco a la imagen de concesionaria de vehículos que tiene este
edificio si no existieran carros siempre estacionados en la vía pública. Solo
un poco, porque a primera vista, o en este inmueble venden camionetas o se
trata de un supermercado.
Al
parecer, el estacionamiento, por Dios sabe qué razón, en la práctica,
ya a casi nadie se le exige. O de por sí es la mala costumbre que tiene la gente para aparcar.
En fin…
¿Cómo diseñar un gimnasio si este no está en el tercer piso de un edificio de oficinas
por encima de una pollería o una farmacia?
A decir
verdad, la clave industrial por la que opta el gimnasio Country Gym es oportuna.
Es adecuada en un contexto en el que casi no hay nada y donde el interior del
edificio debe ser común y abierto, sin divisiones. Tal cual, como una tienda
comercial de 4x4 o un taller de algo.
Al
edificio se le reviste con rudeza (y clara intención minimalista) de metal
negro y gris, siendo esta una decisión acertada,
no le hace daño a nadie; la sobriedad cromática y la textura escogida hacen que el volumen no parezca
tan voluminoso.
El frente
lateral pudo aprovecharse de alguna forma, mínima, aunque sea, ya que queda
completamente negado. Claro que ahora no se siente porque el terreno del
Country Club es solo un canchón cercado… pero más adelante ya se verá.
Buena
decisión la de colocar a la gente corriendo estacionada frente a la calle: de
noche ya no es una avenida tan oscura y silenciosa. Era lo que pedía el lugar. Lástima que corran viendo
carros estacionados.
6.5/10
6.5/10
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| Country Gym (Agosto de 2018) Foto: I.R. |

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