El
edificio se retira para que los carros puedan estacionarse dentro del terreno.
En ese trance se crea un muro lateral de siete metros de alto para colocar el logo
institucional entre plantas de plástico. Esto hace que el edificio pueda reconocerse
con cierta holgura desde la avenida Pacífico. Un poco, al menos.
El
edificio no es solo una Notaría, en los pisos superiores vive el notario, pero
no se nota. Y no se nota porque la serie de artilugios fachadísticos no lo
permiten. La suma de estructura metálica revestida de cartón, las planchas de
metal agujereado y pintado con poco gusto, el vidrio oscuro y estampado, todo,
hacen que el edificio tenga insinuaciones industriales y comerciales (de querer
tapar ventanas y otras cosas más), mas nunca residenciales. Ni un ademán. Puede
ser mérito del proyectista, una
simple omisión o la guillotina del cliente.
El
edificio no es nada nuevo, solo tiene la cara rara, plástica y rara.
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| Edificio Notaría Trebejo Peña (Junio de 2018) Foto: I.R. |


