Parece
que quiere más, o al menos que tiene mayores aspiraciones que sus vecinos. El
volumen vertical, donde están la escalera y el ascensor (porque se notan),
flanquea la esquina haciendo que el retiro sea imperceptible. Tiene distintas
alturas, lo que ralentiza (un poco no más) saber el total de pisos que tiene. Esto
no es ni bueno ni malo, es irrelevante.
Las
aspiraciones de las que se hablaba están concentradas en lo que un proyectista suele
asumir como el principal argumento para hacer a un edificio interesante: el
tratamiento de la fachada. Hay por aquí una costumbre visible que no siempre es
certera: recargar con formas, materiales y texturas los frentes para obtener un
mejor producto como demostrando mayor capacidad de dominio expresivo, o algo
así.
No se
logra. El edificio no dice nada. Se queda con la palabra en la boca.
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| Edificio Magán (Mayo de 2018) Foto: I.R. |

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